La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, realizará una visita relámpago a España para participar en la Cumbre de Defensa de la Democracia en Barcelona este fin de semana, un movimiento interpretado como una jugada estratégica para sellar la reconciliación diplomática con el país europeo y alinear a México con un bloque de gobiernos progresistas frente a un escenario internacional marcado por la guerra y las tensiones con la Administración Trump.
Un viaje con múltiples significados
El anuncio del viaje se realizó el pasado viernes durante su conferencia de prensa matutina, notificándose esta semana al Senado. La mandataria volará este jueves, asistirá a la cumbre el sábado y regresará el domingo. En su escueta agenda destacan “reuniones bilaterales”, aunque se ha descartado un encuentro con el rey Felipe VI. Sheinbaum ha hablado de llevar “mensajes de paz” al aceptar la invitación del presidente español Pedro Sánchez.
Este viaje representa el primer desplazamiento de un presidente mexicano a España desde 2018 y, de manera aún más simbólica, la primera visita de un mandatario de Morena a Europa, siendo España el destino. La cumbre de Barcelona, que celebra su tercera edición, contará con la presencia de aliados ideológicos de México que también son focos de atención de Donald Trump, como los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; Colombia, Gustavo Petro; y Uruguay, Yamandú Orsi.
Contexto internacional y señales políticas
El internacionalista Gabriel Guerra Castellanos señala que Sheinbaum, cuyo estilo no es “bombástico”, entiende bien el valor de las señales en política exterior. Resalta que en la reciente llamada con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, “no salió a escena el tema del narcotráfico”. Con Trump enfocado en la guerra en Irán, este sería el momento idóneo para enviar una señal de que México está de regreso en el plano internacional buscando alianzas.
La guerra en Irán está pasando factura a la popularidad de Trump a meses de las elecciones intermedias, en un contexto económico de inflación y alza en el precio del petróleo. México, Colombia y Brasil, presentes en Barcelona, ya habían firmado hace un mes un comunicado conjunto pidiendo un “cese al fuego inmediato” en ese conflicto.
Respuesta a movimientos de Trump y búsqueda de respaldo
La cumbre en Barcelona aparece como una respuesta a otra reunión, el llamado Escudo de las Américas, impulsada hace un mes por Trump en Miami, que congregó a 12 gobiernos latinoamericanos ideológicamente afines. Frente a esa reunión, se erige el “aval democrático” de gobiernos como los de México y Brasil, potencias demográficas y económicas de la región.
La politóloga Mariana Aparicio Ramírez opina que Sheinbaum también busca respaldo internacional para su política centrada en la lucha contra la desigualdad, en un momento clave en que se negocia el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, cuyos resultados serán determinantes para la política comercial mexicana.
Distancia frente al estilo de su predecesor
Este movimiento de Sheinbaum, que aprovecha el contexto internacional para apretar filas en lo interno, contrasta con la proverbial reserva en política exterior de su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, quien solía decir que “la mejor política exterior es una buena política interior”. Mientras López Obrador no salió de México en sus primeros dos años, Sheinbaum, que aún no cumple dos años en el cargo, ya ha asistido a la cumbre del G20 en Brasil y ha visitado Estados Unidos, Canadá, Honduras y Guatemala.
“Todos los días, la presidenta va ganando un milímetro más de espacio frente a su predecesor”, añade Guerra Castellanos. “El poder no se transfiere por arte de magia, se va ganando poco a poco con decisiones decisivas. El viaje de la cumbre a España es uno de esos momentos”.