La relación asimétrica entre México y Estados Unidos se repite una vez más en el tema del agua, donde la presión norteamericana encuentra respuesta favorable por parte del gobierno mexicano. Este dinamismo ha cobrado especial relevancia en el contexto previo a las elecciones de noviembre en Estados Unidos, donde el agua representa un recurso estratégico para la agricultura de Texas, estado clave en la base política del trumpismo.
Nuevo acuerdo bilateral en el manejo de recursos hídricos
Este martes, ambos países sellaron un nuevo entendimiento respecto al trasvase de agua del río Bravo, lo que ha generado inquietud entre sectores agrícolas de México. Aunque los detalles específicos del acuerdo no han sido dados a conocer en su totalidad, se sabe que implica el cumplimiento de compromisos históricos de entrega de volúmenes estipulados en tratados bilaterales, particularmente el de 1944.
Este tipo de decisiones no es nuevo: en momentos de tensión política o electoral en Estados Unidos, México ha tendido a priorizar la estabilidad diplomática, incluso cuando tales acciones impactan negativamente a comunidades rurales mexicanas que dependen del mismo recurso.
Impacto en el campo mexicano
Los agricultores del norte del país, especialmente en estados como Chihuahua y Coahuila, han expresado su preocupación ante la posibilidad de enfrentar escasez de agua para riego durante la temporada de siembra. Para muchos de ellos, la entrega de volúmenes significativos a Estados Unidos representa una amenaza directa a su subsistencia.
“Nosotros también necesitamos el agua para trabajar la tierra, no solo ellos”, fue una de las voces que se escuchó entre los productores locales, reflejando el descontento generalizado frente a una política que muchos consideran desequilibrada.